Cada cinco años vemos el mismo escenario, es decir miles de obras que se juntan para ser inauguradas o terminadas, es decir fines populistas que una vez más buscan congraciarse con la población y sobretodo con los más pobres. Gente cansada de promesas, harta de que le prometan mil y un cosas, pero siempre apostando por la alternativa nueva y por el famoso mal menor. Vivimos en un Perú dividido, donde las decisiones y políticas inmediatistas son pan de cada día, pan y circo, bonos, regalitos, para contentar a la gente, para el calmar el dolor de la herida pero no para curarla.
Se nos dice que el Perú está creciendo, que es lo máximo y que es de imitar frente a otros países, propuestas populistas han habido en ambos partidos contenedores de esta segunda vuelta, el ganador se las ha de ver con un país con caos y reclamos sociales, con la vigilancia de la derecha y los empresarios que quieren seguir ganando lo mismo, sin dar nada a cambio, con políticas pro empresa extranjera y muchos favores que discriminan el despegue de la empresa nacional.
Se debe tener una política de inclusión social eficaz, es decir que llegue a los más desfavorecidos aquellos a quienes este grandioso progreso nunca le llegó ni un poquito, de ahí todos los conflictos sociales que se encuentran latentes y aún sin resolver y tuvieron su punto más crítico en Bagua, es decir el gobierno entrante no puede ponerse de espaldas ante esto y debe atenderlos prontamente.
Esperamos entonces que el próximo gobierno haga caso a las políticas de inclusión social, sea lo menos populista posible, teniendo políticas claras al margen que esto le quite muchos puntos de popularidad en las encuestas, recuerde la educación y la salud como prioridades para el desarrollos personal y familiar, que garantizan reales derechos humanos e igualdad para cada uno de los peruanos.
Se ha hablado de copiar modelos, que por aquí y allá han sido efectivos, lo cual no es malo, siempre y cuando se tome en cuenta la realidad del Perú, país diverso, rico y lleno de contradicciones.
Se ha marcado y remarcado la lucha contra la corrupción, la cual en los dos últimos gobiernos y peor aun en la dictadura fujimontesinista se han acentuado de manera terrible. Poder hacer uso de todo el dinero que es robado por redes de corrupción, resulta de verdad un tanto idealista, pero puede ser posible, si se busca la eficiencia de la burocracia administrativa del estado dándole sueldos dignos, atrayendo así a profesionales competentes y honrados, que se fueron con la política populista instaurada por el gobierno aprista que se preocupo en reducir los sueldo y no la corrupción, talón de Aquiles del estado peruano.
La política ambiental también ha de tomarse en cuenta, dejar de pensar que la minería es la panacea y lo máximo cuando todos sabemos que da al estado buena recaudación, pero que resulta siendo risible comparada con las ganancias de las empresas que explotan este recurso y sobre todo no da tanto trabajo como otras actividades. También se debe de ser muy cuidadoso con el impacto ambiental y los efectos de la contaminación a largo plazo, después de todo como escuche por ahí, yo tampoco entiendo cual es le problema con la minería si después de todo el mineral no se va a ir y se va quedar siempre ahí para ser explotado cuando se desee y buscando concesiones legales y bajo un adecuado estudio de imparto ambiental.
No podemos negar lo fácil recaudar a través de la minería, lo cual no es nada despreciable y da dinero fácil para muchos planes de políticas sociales y para calmar los ánimos, todo esto nos recuerda nuestra aun débil economía, una economía dependiente exportadora de materias primas y con una industria muy incipiente. Tenemos lo recursos que se van afuera y que vuelven en tecnología, que no tenemos y que podríamos tener si la empresa nacional se fortalece y se la apoya de verdad poniéndola por encima de los intereses de los inversionista extranjeros.
No podemos negar lo fácil recaudar a través de la minería, lo cual no es nada despreciable y da dinero fácil para muchos planes de políticas sociales y para calmar los ánimos, todo esto nos recuerda nuestra aun débil economía, una economía dependiente exportadora de materias primas y con una industria muy incipiente. Tenemos lo recursos que se van afuera y que vuelven en tecnología, que no tenemos y que podríamos tener si la empresa nacional se fortalece y se la apoya de verdad poniéndola por encima de los intereses de los inversionista extranjeros.
Se podría seguir enumerando los mil y un temas de la agenda nacional, es decir en salud física y mental (lo cual disminuiría la violencia), educación de calidad y no solo en infraestructura o tecnología, vale decir computadoras que nadie nadie sabe usar, profesores mal capacitados y alumnos que no aprenden al 100% los contenidos allí enseñados. en conclusión creo que la gente pensante de este país se da cuenta que ya no queremos populismos, buscamos políticas sostenidas a largo plazo, fortalecimiento y presencia del estado.
Para terminar diremos que al próximo presidente le esperan un montón de cosas que hemos comentado de manera muy superficial; lo sabemos, y otras que tal vez no estén como la lucha contra el narcotráfico, la seguridad ciudadana y la verdadera reconciliación nacional que necesitamos después de lo vivido en la década de la guerra interna. Entonces esperamos un buen gobierno, de lo contrario estaremos en cinco años de nuevo bajo la misma disyuntiva y ante la amenaza de modelos autoritarios que no queremos, deseamos se destierren para siempre, y que ponen en peligro nuestra incipiente, casi nueva, quebradiza y embrionaria democracia.
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