martes, 7 de febrero de 2012

2012

No se acabó el mundo y ya estamos a Febrero, con el psicosocial de la muerte de Alicia Delgado y la novela  Ciro Castillo que sigue dando vueltas por los diarios chicha. De otro lado los diarios "respetables" y las redes sociales le han dado una inmensa cobertura a un tema terriblemente culinario de la bronca del escritor  Iván Thays  el ya tan comentado libro gastronómico. Pero no nos quedemos en los temas triviales, también se anduvieron comentando el caso Movadef, el cargamontón y cuestionamientos acerca del informe final de la CVR, así como la tragedia ocurrida en aquel albergue clandestino  para drogodependientes de SJL, pero de qué forma estos hechos están relacionados.

Todos tienen que ver con un importante y descuidada tarea que se va venido dejando de lado desde hace ya tiempo, nos referimos a la salud mental, si aquella de la que tanto se habla, pero  es asunto del que casi nada se ha hecho. Las políticas preventivas en el Perú son un gran problema que si no se trabaja seguirá continuando la cadena de los problemas sociales que hoy nos aquejan.  La salud mental en un  estado de bienestar que debe ser integral, es decir no solo es sentirse de buen humor, va más allá, son también oportunidades de desarrollo personal a nivel personal y laboral, es decir mejores sueldos  y servicios de salud que permitan tener las personas un nivel de vida adecuado para ellos y sus familias, lo que a su vez les permitirá disfrutar de actividades recreativas y de ocio, esto contribuirá a favorecer las relaciones familiares y de pareja, los que disminuirá los indices de violencia, adicciones, delincuencia y pandillaje.
Todo la parecer parece muy idealista, pero la realidad es que invertir en políticas preventivas sale a la larga más barato que invertir en en planes de tratamiento y rehabilitación.

La educación también juega un papel importante en nuestros niños y jóvenes, se por ello estamos de acuerdo que los textos escolares incluyan parte de la información recopilada con la CVR, información que últimamente se ha andado cuestionando, el motivo es simple, dejar mal parada a la comisión que tuvo este importante documento, que de no haber existido nunca habría sacado a la luz las violaciones de derechos humanos cometidos por militares durante el conflicto armado interno que vivió nuestro país, porque  es cierto que mataron menos pero igual asesinaron y cometieron tantas crueldades como los terroristas hoy procesados. Esta campaña de desprestigio a la que se sumaron varios medios de comunicación tiene un solo objetivo, justificar los atropellos cometidos por los militares como parte de la "política de pacificación" impuesta por la dictadura fujimorista, todo ello para llevar al final a la opinión pública a ver al ex dictador Alberto Fujimori, como el "héroe", que por el hecho de serlo merece el indulto. Por algo no han aparecido estos últimos  la noticia sobre información de las conversaciones de Alán García con Humala para interceder por el "pacificador"  Fujimori, de nuevo se intenta armar de a pocos la estrategia para que se liberé al ex dictador y de pasadita García salga tranquilo de las investigaciones a su gobierno. Y es que estos dos compadres, apristas y fujimoristas, se deben varias y practican el principio del apoyo mutuo. Al menos entre ellos es seguro que sí.

Pd: Salud mental es también tener memoria histórica y aprender de los errores para no volverlos a cometer, mucho más si estos son tan dolorosos como los que nuestro país vivió. 

miércoles, 1 de febrero de 2012

El debate sobre el MOVADEF

En el intenso debate que viene generando el caso MOVADEF han aparecido ideas y sensibilidades profundas de la ciudadanía y de los actores políticos. Una somera revisión de sus elementos permite medir el rumbo del país sobre algunos temas fundamentales.
En primer lugar impresiona el número de adherentes del MOVADEF. Seguramente algunas firmas son falsas y otras fueron obtenidas vendiendo gato por liebre, pero muchas deben ser verdaderas. Es imposible saber su número con exactitud, pero su sola presentación evidencia un grupo organizado con presencia en variados espacios del territorio nacional.
Por otro lado, los dirigentes incluyen bastantes jóvenes. No son solamente los conocidos abogados de Abimael Guzmán, sino que además hay varios veinteañeros, que se atreven a mostrar el rostro.
En la valoración de estos hechos aparecen las discrepancias que genera el período de la violencia. Es más, pareciera que, en estos veinte años, las diferencias se han agudizado. Se postula que la ignorancia explica el relativo apoyo al MOVADEF que evidencian sus firmas. Los jóvenes peruanos de hoy no sabrían quién es Abimael Guzmán ni conocerían sus maldades. Efectivamente, como dice la ministra de Educación, la concientización masiva sobre lo negativo de la violencia corresponde a la escuela.

Al respecto, es una lástima que la controversia generada contra el informe de la CVR haya impedido que sus reflexiones se vuelquen en libros de texto. Los enemigos de la CVR intentaron ocultar el tema de la violencia y enterrarlo. Su postura era negar el recuerdo, pero ahora se encuentran necesitados de una versión de los sucesos que sea difundida masivamente. La mala leche contra la CVR ha hecho perder diez años.
Aunque el argumento de la ignorancia confunde masa con elite. Es cierto que la gran mayoría vive despreocupada del acontecer político. Pero, el problema principal es constatar la efectiva reconstitución de un grupo que participa del llamado “pensamiento Gonzalo”, y por lo tanto, concibe la violencia como legítima. Rebatir sus argumentos es tan importante como divulgar una interpretación amable y superficial para el joven poco interesado. Se requiere precisar la postura de la democracia frente a una entidad política que funciona como fachada de un partido que justifica ideológicamente la guerra que emprendió en 1980.
Una dificultad de este debate sobre violencia y política es la pretensión de encararlo como una cuestión de diccionario. Si uno menciona el concepto “guerra interna”, le haría el juego al MOVADEF. Pero, ¿cómo quieren llamar a un proceso que empieza cuando un grupo le declara la guerra al Estado y asesina a sus representantes locales? Además, el proceso continúa por la reacción de ese Estado para capturar y en ocasiones liquidar a los levantados en armas. La respuesta es que debe ser calificado de “terrorismo” y ningún otro concepto es bienvenido.
No se niega la magnitud del fenómeno terrorista de esos años. Por el contrario, hay terrorismo desde el momento que alguien se concede a sí mismo el derecho de matar para imponer su voluntad. Ahí está el punto a discutir con los jóvenes del MOVADEF. La democracia obliga a renunciar explícitamente al uso de la violencia en la competencia política. En democracia, la fuerza es la capacidad de organizar adherentes para difundir ideas a través de elecciones. En ningún caso, la democracia autoriza grupos que buscan destruir el orden por la vía armada. Y resulta que ellos adhieren explícitamente a una doctrina que ha hecho de la violencia su símbolo.
Por ello, su solicitud debe ser rechazada, explicándoles claramente que –antes de insistir–deben renunciar al terrorismo y asimilarse efectivamente a la democracia, sus instituciones y mecanismos. No se resuelve nada prohibiendo su existencia –que por otro lado es real– mejor es comprometerlos con el orden democrático. El problema es político y temas de este tipo no suelen resolverse desautorizando, sino argumentando y generando nuevos consensos.
Antonio Zapata
Miercoles, 01 de febrero de 2012 | 5:00 am