miércoles, 17 de noviembre de 2010

CONTRADICCIONES PARADÓJICAS
(Lo que dirían ellos; tal vez sí o tal vez no, pero no los refleja.)


- Soy un hombre pacifista. (Barak Obama, después de enviar más tropas a Irak y lleno de júbilo por haber recibido el Nobel de la Paz.)
- Soy una mujer que sabe tomar sus decisiones. (Lourdes Flores; en los momentos en los que decidía consultar por el facebook su dilema existencial de si a la presidencia o a la alcaldía.)
- Ninguno de los bypasses que construí tienen sustento técnico, pero lo que nadie me va a negar es que se ven bien bonitos. (Luis Castañeda, ante las críticas a sus geniales ideas para modernizar el transporte limeño.)
- Tengo el orgullo de ser peruano y soy feliz. (Alberto Fujimori, luego de su sentencia final.)
- Vengo de una familia honrada. (Keiko Fujimori, adelantándose a su próxima candidatura.)
- La virtud que más admiro es la humildad. (Alan García, reflejando lo más resaltante de su personalidad.)
- Mi ideología salvará al país. (Abimael Guzmán, luego de la publicación de su último libro.)
- El amor de dios es maravilloso. (un haitiano)
- ¡Cómprale al Perú! (un empresario chileno)
- ¡Qué vagos que son! (un mal profesor reclamándoles a sus alumnos su desinterés por el estudio).
- El APRA sigue siendo un partido antiimperialista. (un aprista ingenuo)
- Sé aprender de mis errores. (nuevamente Alan García)
- Soy un hombre muy culto. (Ollanta Humala)
- Mi seriedad y credibilidad harán que llegué a la presidencia. (Jaime Bayly en el inicio de su campaña presidencial junto a su asesor Tongo.)
- Soy un hombre de centroizquierda. (Dionisio Romero, en un titular del Comercio; siendo cierto solo el titular, claro.)
- El Perú es un país de un gusto literario muy exigente. (Aldo Miyashiro, orgulloso de que su libro haya sido el más vendido en la última Feria del libro.)
- Soy un periodista brillante. (Aldo Mariátegui, al terminar de narrar las noticias.)
- Me siento orgulloso de mi labor. (un congresista peruano)
- Yo sí sé hacer periodismo de investigación. (Nicolás Lúcar)
APARTE:
- El día en que la mierda empiece a tener valor; los pobres nacerán sin culo. (Gabriel García Márquez; pensando, no cabe duda, en el desarrollo del capitalismo.)
RONALD ORIA SIAPO
25/01/10
LULÚ
Todo comenzó en un colegio, de una ciudad muy contaminada, de cuyo nombre no quiero acordarme; justo antes de darse el inicio, o mejor aún, las conversaciones para elegir dentro de un grupito de niños a su candidato a la alcaldía. Este partido, que lo llamaremos así solo por una cuestión de formalidad del término, se batía y se debatía por definir a su candidato para la ciudad gris y con su cielo panza de burro.
Estos diálogos ponían molestos y desesperados a muchos, todos deseaban formar parte de este gran movimiento, que seguiría moviendo las piezas en el tablero de ajedrez de los mil y un empresarios de la gran urbe capitalina (aunque todos sabemos que son sólo unos cuantos).
En esa lucha encarnizada y sangrienta acerca de un debate de intereses de poder, o mejor dicho de servir al poder de los otros y sobre todo de cómo conseguir más y más platita pa’ la campaña, habían dos hermanos que discutían sobre quién de ellos debería ser el candidato. Por un lado, Luchito argumentaba que su Lentopolitano había sido todo un éxito; y más aun, todos los mil y un proyectitos sobrevaluados que le trajeron bastante platita y que vinieron a parar a su alcancía y de pasadita a seguir endeudando a la municipalidad; así que dados sus últimos logros, se merecía retos o cutras de mayor responsabilidad, en una palabra Luchito quería ser el presidente del país (que tenía como capital a la ciudad gris y de cielo panza de burro) y no conformarse con reelegirse de alcalde. A Lulú esto no le cuadraba, ella se merecía postular una vez más a la presidencia porque ustedes saben que a la tercera va la vencida y todas esas cosas. Luchito no quiso aceptar, le dijo y redijo a Lulú que ella ya se había lanzado lo suficiente a la presidencia y peor aún ya no podía porque ahora era su turno de jugar a ser presidente y de ser solo alcalde ya se estaba aburriendo. Así que Lulú se puso a rabiar, hizo su pataleta ante todos sus compañeritos del partido, quienes la fueron dejando sola en su propuesta de candidatearse a la presidencia. Ellos argumentaron y argumentaron que Lulú debería de andar más y más con ellos, es decir que les faltaba experiencia en cuanto a cutras y otras cosas más que los niñitos buenos no hacen pero que ellos si hacían y a diario.
Ahí nomás se acabó el recreo, y los niñitos tuvieron que entrar a su salones para escuchar una vez más la sabias enseñanzas de sus profes del FMI y del BM; que les decían que su país era lo máximo, que estaba próximo a ser una potencia y, que hasta quien sabe, dado su gran desarrollo tecnológico terminaría dando inicio a una cuarta revolución industrial. Asuuuuuuu! Dijeron todos como un coro de angelitos.
A la mañana siguiente, Lulú no quería hablar con nadie, estaba resentidita de que hayan choteado pa’ ser candidata a la presidencia, fue entonces cuando se le acercó un niñito que era muy conocido por vender polvitos blancos en el cole. Él le contó que necesitaba de su ayuda, porque su papá había muerto cuando él era niño y a su abuelito que lo criaba a él y a su hermanita no le alcanzaba la plata porque era fonavista. Lulú decidió ayudarlo y defenderlo (porque sabía meter floro); sobre todo cuando los niños envidiosos de su prospero negocio lo amenazan con acusarlo con algún profesor. Desde entonces se volvieron muy amigos, Lulú siempre lo defendía y el niñito siempre le invitaba muchos dulces y le regalaba algunos juguetes con parte del dinero de la venta de los polvitos blancos.
Sus amigos al conocer al nuevo amigo de Lulú se sorprendieron, ya que Lulú parecía ahora haberse avivado de verdad; porque sus amigos eran un poco malcriaditos, pero no tanto como para juntarse con su nuevo mejor amigo. Esto los hizo reflexionar, se sintieron muy tristes por la forma en que la trataron la última vez y decidieron pedirle que sea su candidata a la alcaldía.
Con el pasar de los días Lulú se ponía más y más feliz, todo le iba muy bien y era seguro que iba a ganar y por fin ocupar un cargo; aunque este sea el de alcaldesa y no el de presidenta como ella quería.
El colegio de Lulú tenía cámaras y alarmas, las cuales habían instalado recientemente porque unos ladrones habían entrado a su colegio y se habían llevado las computadoras. Por esos días misteriosamente los niñitos del colegio empezaron a tener fuertes dolores de cabeza que se volvían mas y mas fuertes y que su vez volvían a los niños más y más brutos por lo que no podían salir bien en sus exámenes ni entender las clases.
Luego de una exhaustiva investigación de la policía escolar del cole, se encontró que la causa de todo eran los polvitos blancos que vendía el amigo de Lulú y que los niños comían para tener más energías y poder jugar, hacer sus tarea y sobretodo estudiar. Lulú ya no pudo hacer nada para defenderlo ya que las cámaras habían grabado a su amiguito y lo reconocían como el vendedor de los polvitos blancos y por lo tanto el causante de todos los males que sufrían los niños que habían ingerido su producto.
Con todo lo sucedido nadie le quería hablar a Lulú, porque todos pensaban que ella ya sabía de antemano de los efectos de los polvitos blancos y no decía nada para poder seguir recibiendo los juguetes y dulces que le regalaba su amigo.
Pero como con el tiempo todo se olvida y la gente de este colegio era muy desmemoriada, todos le comenzaron a hablarle de nuevo. Sin embargo; ahora menos gente quería ahora que sea alcaldesa; porque, con todo el problema, Lulú se había olvidado de mandar a pagar afiches con su cara por toda la ciudad.
En esos días cuando Lulú estaba muy enojada porque parecía que iba a perder, le hicieron una entrevista los del periódico escolar “El Cartero”. La entrevistadora del periódico era una niña antipática, que tercamente quería que ella le afirme que sabía muy bien de los efectos de los polvitos blancos que vendía su amigo y que tenía que admitirlo y pedir perdón para que todos los niños del colegio la perdonen y boten por ella. Ella no quiso hacerlo y se mantuvo firme en su posición de negarlo todo; pero como la niña ya le colmaba la paciencia y ella presentía que por más esfuerzo que hiciese igual iba a perder y ya no iba a ser alcaldesa, la mandó al diablo y junto con ella mandó al diablo a la alcaldía a la que tanto quería postular. Lo que no supo ella, es que esto lo había escuchado el niño mas chismoso del cole, que al toque paso la voz a todos de que Lulú había mandado al diablo a la alcaldía, por lo que la dejo mal parada otra vez y justo cuando estaba saliendo del todo del lío ese de su amiguito que vendía polvitos blancos.
Luego pasaron muchas cosas, Lulú se puso a rajar de la amiguita del niño chismoso del cole, empezó a rajar también de varios de los otros candidatos a la alcaldía. Esto no le sirvió de nada, porque muchos de los niñitos que querían votar por ella en la elección se estaban desanimando. Lo real era que se estaba preocupando de más por las puras; porque su amiguito que vendía los polvitos blancos, y que ya no salía de su casa por miedo a que la policía lo encuentre y lo mande a Maranguita, se sentía muy mal; ya que por andarlo defendiendo Lulú había perdido muchos votos. Se sintió tan pero tan culpable, y dado que con la situación no le quedaba de otra, decidió ayudar a Lulú pagando (después de romper su chanchito) para que arreglaran a su favor las encuestas que publicaban los periódicos “El Cartero” y “Perú Kids”; pero ni con eso, porque cada vez que la entrevistaban Lulú metía las cuatro patas. Tanto, tanto la estaba fregando Lulú; que su amiguito (el de los polvitos blancos) decidió nuevamente llamar a los niñitos de “El Cartero” y “Perú Kids”, pero esta vez les dijo que empezaran a hablar cosas bien feitas de los otros niñitos que eran candidatos a la alcaldía. Los niñitos de los dos periódicos, después de recibir los dulces que les regalaron como pago, comenzaron a sacar todos los días noticias en sus periódicos en contra de los otros candidatos. Al llegar el día de las elecciones, nada de lo que hizo Lulú ni su “amiguito” sirvió y ella perdió en la elección. Para terminar diremos que Lulú al no ganar, se puso muy depre y no hizo nada para pegar cartelitos con su carita y así hacer que la gente la elija como alcaldesa. La última información que tenemos de ella es que vendió todos los juguetes que le regaló su amiguito que vendía polvitos blancos y con ese dinero empezó a pagar sus terapias, que dicen está llevando actualmente con un psicoanalista infantil.
Ronald Oria Siapo
22/09/10